La deuda pendiente© (cuento)

6 Ene

LA DEUDA PENDIENTE.

Relato por Ramona Escarabajal
Relato la deuda pendiente por R. Escarabajal

Marcus hijo de Marcus Arminius Filius Carisius.

Papá se encontraba bastante mal había tenido unos días terribles en la oficina, así que junto con mamá decidieron que el puente de diciembre tomarlo de descanso y que mejor sitio que La Manga, en pocas horas nos encontrábamos en la costa y Madrid era un sitio agobiante, así que hicimos las maletas y nos encaminamos a la aventura, hacía un tiempo revuelto, a nosotros no nos importaba, seguro que en la costa seria mejor y estaríamos juntos.

El viaje resulto tranquilo, yo estaba apostado en el asiento trasero con mis juegos electrónicos que me hacía que el tiempo corriera más deprisa, de vez en cuando miraba a través de mi ventanilla donde podía ver los molinos eólicos.

– ¡Impresionantes! (pensé).

  Con gran parsimonia movían sus hélices sin prisa, despacito retando a este tiempo tan rápido y escurridizo que tanto valoran los adultos, ellos continuamente hablan del tiempo. Unas veces agobiados y siempre angustiados, escapándoseles de las manos,  sin conseguir retener, y  eternamente dicen.. ¡No tengo tiempo!

Paramos en la venta de la Roda, estábamos a medio camino yo ya me estaba aburriendo y me sentía inquieto.A ver cuando llegamos.

Por fin alcanzamos nuestro destino, el mar estaba bastante tranquilo, sin embargo el cielo tenía unos tonos que iban desde el gris azulado al violeta rojizo, salpicado por pepitas de oro.

El hotel estaba bastante limpio y las vistas hacía el mar Mediterráneo eran esplendidas, una vez instalados nos decidimos salir y explorar para darnos una vuelta por los alrededores, todo era pura curiosidad, las arenas finas, las conchas tan blancas que salpicaban la orilla de la playa como si estuviéramos confeccionando un mural cuyo motivo principal fuera un tema marino, así que mamá y yo nos decidimos a recoger aquellas conchas de un blanco calido que se iban matizando con unos ocres finísimos de nácar.

Anocheció, rápidamente así que volvimos al hotel tomamos una cena ligera y no retiramos a descansar.

Descansados y con ganas de pasar la mañana en la playa, preparados listos con nuestro bañadores nos fuimos a la playa, cuando de repente se levanto un gran viento de levante donde la arena se clavaba como agujas en nuestros cuerpos, total que el tapiz de ayer se convirtió en una lija que de una manera grosera y sin ningún respeto nos echó de su compañía.

Aburridos y sin nada que hacer preguntamos en recepción que podíamos visitar en los alrededores, el conserje del hotel muy amable nos indico que la ciudad, Cartagena tenía mucha historia y por tanto muchos yacimientos arqueológicos muy interesantes y de gran valor histórico y artístico.

Mamá, miró con sorpresa ya que nunca había oído hablar de Cartagena, algo si pero no mucho.

Cuando llegamos a la urbe, lo primero que hicimos fue dirigirnos al Teatro Romano, con nuestro plano turístico dado por el conserje. Subimos por una calle llena de escalones algo destartalada y vieja al fondo se veía una iglesia en ruinas.

—¡Vaya birria que vamos  a ver!.- (Le dije a mi padre) con mala cara.

— ¡Oh!.(Amargado y con cara de poco amigos) empezaba mi plan aguafiestas.

Una vez alcanzada la cima, a nuestra izquierda se encontraba una caseta de madera algo así como un refugio de montaña y al fondo a la izquierda una guía que estaba explicando, no se que, a su alrededor había un grupo de personas escuchándola. Para mi sorpresa, vi un teatro magnifico monumental, aunque no tenía claro si era teatro o anfiteatro, pero desde luego fue una gran sorpresa, aquellas gradas tan alta me daban vértigo verlas y pensar que esto había pertenecido al mundo romano y además que nosotros no tuviéramos conocimiento de ello.

            Todo estaba muy bien, me llamaba la atención,  me parecía familiar y no se que era, esas gradas me atraían poderosamente, mi curiosidad no tenía límites cuando de pronto a la derecha de la iglesia se habría una valla de metal y muy tímidamente salía un chica con una gran bolsa, llevaba una gorra y tenía un aspecto muy informal, hablaba acaloradamente con un joven que iba con ella, total en la discusión se le olvido cerrar la valla, yo me asomé para ver lo que veía, recorrí con la mirada aquel pasillo húmedo y de una luz cenital, solo un silencio que contrarrestaba con el murmullo del grupo y las explicaciones de la guía, entré un poquito más para poder ver mejor , no vi nada así que decidí entrar más, la luz irreal envolvía aquella calle estrecha con escalones irregulares, había mucha humedad, el suelo se encontraba mojado el  silencio era denso .

Pozo Catedral Santa María la Vieja (Cartagena)

Pozo Catedral Santa María la Vieja (Cartagena)

Una voz muda me llamaba… con una gran atracción le seguía, recorro con mi vista todos los rincones.

            —¡Marcuuuuuuuuusssssssssssssssss!

¿Como me podía resistir aquella dulce voz?, llegue hasta el interior de la Catedral Santa María la Vieja , recorro con mi vista todos los rincones y no veo a nadie, era fascinante, mucho silencio, mire alrededor y aquellas capillas desoladas, sin nada. Mire hacía arriba y solo vi cielo, los colores blancos agrisados de las nubes se mezclaban con un azul limpísimo que cada vez iba perdiendo terreno por las nubes que se iban agolpando convirtiéndose en un techo de algodón.

            En el centro encontré un pozo, desde luego muy raro para estar en una catedral, me acerque con curiosidad y en brocal me di cuenta que una parte esta desgasta y tenía forma de hendidura, me asome y solo vi oscuridad cuando por quise acercarme más para observar a ver si podía ver algo… perdí el equilibrio y caí.

            Cuando abrí los ojos, lo primero que observe es que el cielo estaba totalmente limpio.

            —Al menos se han ido las nubes,( pensé).

Enseguida me fijé en mis pies, era distintos, llevaba unas sandalias y las uñas estaban negras, seguí observándome y con un recorrido con la mirada mis piernas era largas y flacuchas, de pronto empecé a escuchar un murmullo muchas cabezas estaban encima mía, me di cuenta que la mía estaba encima de un regazo, para mi sorpresa era un soldado romano, una cara curtida y con semblante rudo.

            —Esto tiene que ser un sueño ( pensé, totalmente aturdido).

           

           

            —¿Qué me ha pasado?(pregunté, desorientado)

—Que te has caído de la summa cavea y con mucha suerte yo estaba aquí sentado que sino te hubieras matado.

—¿Cómo te llamas? ( preguntó)

            —Marcus (respondí)

—¿Marcus? Dijo con ojos sorprendidos, ¿dime muchacho, cuál es el nomen de tu familia?

El legionario, miro con estupor al joven, un chaval de pelo color castaño y ojos del color de la miel, todo le daba vueltas muchas emociones, muchos recuerdos el motivo de encontrarse en la Hispania, era perseguir a un esclavo vil, desde Arezzo en la Toscana, venía siguiendo a una hiena y una y otra vez enrolándose en una nueva guerra y una nueva conquista y siempre con una idea fija en su mente.

El muchacho parecía un poco confundido no sabia si era por el golpe tan fuerte que se había dado en la cabeza  al caer desde la summa a la media cavea, casi fue un milagro que no se hubiera roto nada.

En el proscaenium, se estaba representando un drama los actores ajenos al revuelo que se había formado en el graderío seguían con el espectáculo para tal ocasión habían cogido a un liberto que abrumado por las deudas y borrachín, se había prestado gustoso a cambio de unas monedas. Era perfecto para la representación que se estaba desarrollando y además de muy barato solamente se le había pagado 30 sestercios.

El graderío estaba repleto desde la proedia, donde las personalidades más influyentes de la Colonia Urbs Iulia Nova Cartago ocupaban los sitios privilegiados, hasta la summa cavea estaba atiborrada.

 Aquel teatro había tenido muchas representaciones, pero la de este día era muy especial por las novedades que tenía el espectáculo.

El agua de la jarrita refrescó a Marcus que sin saber como respondió, sin comprender lo que salía por su boca.

—Me llamo Marcus, hijo de Marcus Arminius Filius Carisius.

La cara del legionario cambio de color, su tono tostado por el sol se convirtió en un blanco sepulcral.

De pronto un gran clamor  en el Proscaenium, los actores continuaban con el desarrollo del drama, el liberto que completamente ebrio recorría el escenario sin atender a las indicaciones que le habían dado antes de empezar el espectáculo, como poseído por un diablo, el  borrachín se encaramo sorprendentemente al podium  y desde allí agarrado al fuste de una columna  no paraba de proferir insultos.

—¿Quién es el desgraciado que van a matar? (Dijo un comerciante sentado al lado del legionario)

—Dicen que es un desventurado que vino de Arrezo, buscando una nueva vida.

—¡Más bien buscando una nueva muerte! ¡ja ja ja ja! ( Rió, el amigo del comerciante)

El legionario le daba vueltas la cabeza, estaba peor que el muchacho. Marcus, no podía ser, que el destino se lo pusiera en su regazo después de tantas campañas y tantas luchas buscando el rastro de un indeseable que le había robado a su hijo.

Arrezo estaba muy lejos y era una gran coincidencia junto con el nombre.

No lograba comprender, que de repente todo fuera tan fácil, después de aquellos años horribles, aquel mal nacido que había rebatado a su hijo, el precio del secuestro era la libertad de aquel hijo de hiena.

La gente reía con el borrachín en la escena que no atendía a las órdenes de los actores que más que un drama parecía una comedia absurda y sin control.

El liberto corría por el podium, saltando como si fuera un mono que con gran agilidad  se agarraba a los fustes blancos de mármol, de una delicadeza y finura que competían con los capiteles traídos de Roma.

—¿Sabéis, amigo quien es aquel mimo que está en la obra?-dijo el comerciante.

Un tal Marcus Arminius Buteo, ¿creo? (Dijo arrascándose la cabeza el amigo, y no muy seguro de lo que decía)

Un poco más alejado el legionario escuchaba la conversación al mismo tiempo atendía al chaval, con una gran tormenta emocional en su cabeza, sus ojos ahora se le llenaron de lágrimas,¡ no había dudas, era su hijo!.

Y el desgraciado que andaba por el proscaenium era su esclavo que dos años atrás le había robado a su hijo, por no haber querido darle la libertad y como chantaje se había llevado a su único hijo y primogénito.

Pugio

Pugio

El descontrolado liberto andaba como un chimpancé de columna en columna hasta que uno de los actores con un puñal en la boca accedió a la columnata del frente escénico, una vez que lo alcanzó y aún subidos en el podium lo tomo por aquella oscura cabellera grasienta y maloliente y con gran rapidez clavó el pugio en el lateral derecho del cuello atravesando este, la hoja que certeramente se colocó entre la columna y las partes blandas del resto del cuello, seccionó las arterias carótidas, la yugular y los vasos tiroideos, nervios y traquea junto con el esófago produjeron una hemorragia brutal que en pocos segundos la sangre empezó a fluir como una gran fuente con prisas por evadirse de tal cautiverio huyendo de su carcelero.

 En ese momento un gran viento se arremolino subiendo por la ladera sur de la colina, iba cargado de polvo finísimo de arcilla y cuarzo, la polvareda rojiza de los desiertos de Mauritania se mezclaron con un chubasco ocasional, aquella mezcla salpicó todo el escenario.

Muchos de los asistentes quedaron momentáneamente ciegos por el polvo que traía el viento, las columnas quedaron totalmente bañadas por aquella mezcolanza rojiza que junto con la sangre de aquel pobre desgraciado mancharon para siempre aquel mármol de blancura inmaculada. Salpicando y convirtiendo en unas vetas rojizas, unas veces rosas y otras rojas y así quedo para toda la eternidad, tal impacto había causado en aquellas columnas pulcras que nunca más volvieron a ser blancas y como aquel borrachín tenía el apodo de el “Mula” por transportar y vender agua a los menos afortunados, se quedaron con el sobrenombre para siempre de “las columnas de mármol de mula”.

El muchacho estaba tumbado en el regazo de aquel desafortunado legionario, sus lagrimas eran de felicidad por haber recuperado a su hijo, aunque aquellas lágrimas empezaron a convertirse en lágrimas de dolor al comprobar que su regazo se había convertido en una mancha de sangre densa y oscura y el chaval miro a su padre con ojos de querer comprender y cerro los ojos para siempre.

Cuando Pablo abrió los ojos se encontró rodeado de gente, su madre lloraba y su padre le cogía la mano, los camilleros lo transportaban.

—¿Qué me ha pasado mamá? Que caíste por un pozo muy antiguo de la catedral donde hay una cripta, te han encontrado tirado encima de un mosaico romano.

Y así quedo para siempre la leyenda de las columnas rosas rojizas, que un esclavo malandrín había pagado con su vida el robo de un muchacho romano.

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